LECTURAPRO
Kilómetro cero
18.5px
Kilómetro ceroSin señal

El apagón duró once minutos. Lo que no volvió fue la costumbre. Cuando la luz regresó, la gente ya había decidido cosas: quién era de fiar, qué puerta convenía dejar cerrada, hasta dónde llegaba lo propio. Once minutos bastaron.

Queda pendiente la cuestión más simple de todas, la que cualquiera habría hecho el primer día y que sin embargo tardó cuatro años en formularse en voz alta. No se recoge aquí la respuesta porque no la hubo, o porque quien la dio ya no estaba en condiciones de que se le creyera.

Hubo un tiempo en que esto habría bastado para inquietar a cualquiera. Ahora ya no. La costumbre es un disolvente lento pero muy eficaz, y lo que al principio resultaba imposible pasa, con suficiente repetición, a ser simplemente lo que hay. Se aprende a rodearlo como se rodea un mueble mal puesto en un pasillo estrecho.

Al cerrar la puerta se oye un chasquido doble: primero el pestillo y después algo más hondo, como si el edificio entero comprobara que sigue estando donde lo dejaron. Es un sonido al que uno se acostumbra en una semana y que, curiosamente, todos los testimonios describen con las mismas palabras.

El invierno siguiente fue más suave de lo normal, cosa que a nadie le vino bien. Un invierno duro obliga a la gente a quedarse dentro y a hablar; uno suave permite seguir saliendo, seguir cruzándose por la calle y seguir sin decir nada.

Rita reparte a treinta y dos kilómetros por hora de media y no pregunta qué lleva en la bolsa. Es la única regla del oficio y también la única razón por la que sigue viva. Aun así, hay sobres que pesan distinto, y ella los nota.

Conviene detenerse aquí un momento, porque lo que viene después solo se entiende si se acepta antes una cosa incómoda: nadie de los implicados está mintiendo. Todos cuentan lo que recuerdan, y lo cuentan con detalles que se sostienen y con fechas que encajan. El problema aparece al poner los relatos uno junto a otro.

Hay que tener paciencia con las primeras páginas. Las historias que empiezan por el final se leen deprisa y se olvidan igual de rápido. Esta empieza por donde empiezan las cosas de verdad, que es bastante antes de que nadie se dé cuenta de que han empezado.

De lo que ocurrió aquella tarde hay dos versiones y media. La media es de alguien que llegó tarde y se fue pronto, y precisamente por eso es la que más se parece a lo que probablemente pasó: no tiene interés en que la historia quede bien.

— · —

Texto de ejemplo de «Kilómetro cero». Sustitúyelo desde Panel → tu obra → el capítulo → editor de texto.

1 / 1

Pasa de página con las flechas del teclado, la barra espaciadora o pulsando en los laterales de la hoja.

Comentarios (0)

Entra para comentar.
  • Todavía no hay comentarios.