LECTURAPRO
Sal y ceniza
18.5px
Sal y cenizaEl acta

Cuarenta años de pleito dejaron once cajas de documentos y ni una sola gota de agua. Las cajas se conservan mejor que los edificios de los que salieron. Alguien tendría que sacar una conclusión de eso, pero por aquí eso tampoco se hace.

De lo que ocurrió aquella tarde hay dos versiones y media. La media es de alguien que llegó tarde y se fue pronto, y precisamente por eso es la que más se parece a lo que probablemente pasó: no tiene interés en que la historia quede bien.

Un apunte final antes de continuar: los nombres se han mantenido tal como aparecen en los documentos, incluidas las tres ocasiones en que el mismo documento escribe el mismo nombre de dos maneras distintas. Corregirlo habría sido más limpio y bastante menos honesto.

Lo que sigue está reconstruido a partir de lo que quedó: dos libretas, un montón de cartas sin abrir, una lista de la compra con anotaciones que no tienen nada que ver con la compra, y el testimonio de once personas que no se ponen de acuerdo en casi nada excepto en que aquello ocurrió.

Nada de esto se decidió de golpe. Se decidió como se deciden casi todas las cosas importantes: aplazándolas, dejando pasar una semana más, contestando mañana a la carta que llegó hoy. Cuando por fin hubo que elegir, la elección ya estaba hecha desde hacía meses.

El pozo está seco desde antes de que empezara la discusión. Este dato aparece en el acta de 1911, escrito con una letra pequeña y apretada, como si el escribano ya intuyera que iba a ser el detalle que nadie querría leer.

Queda pendiente la cuestión más simple de todas, la que cualquiera habría hecho el primer día y que sin embargo tardó cuatro años en formularse en voz alta. No se recoge aquí la respuesta porque no la hubo, o porque quien la dio ya no estaba en condiciones de que se le creyera.

Hubo un tiempo en que esto habría bastado para inquietar a cualquiera. Ahora ya no. La costumbre es un disolvente lento pero muy eficaz, y lo que al principio resultaba imposible pasa, con suficiente repetición, a ser simplemente lo que hay. Se aprende a rodearlo como se rodea un mueble mal puesto en un pasillo estrecho.

Al cerrar la puerta se oye un chasquido doble: primero el pestillo y después algo más hondo, como si el edificio entero comprobara que sigue estando donde lo dejaron. Es un sonido al que uno se acostumbra en una semana y que, curiosamente, todos los testimonios describen con las mismas palabras.

— · —

Texto de ejemplo de «Sal y ceniza». Sustitúyelo desde Panel → tu obra → el capítulo → editor de texto.

1 / 1

Pasa de página con las flechas del teclado, la barra espaciadora o pulsando en los laterales de la hoja.

Has llegado al último capítulo publicado.

Comentarios (0)

Entra para comentar.
  • Todavía no hay comentarios.